Sistema de Acumulación Térmica Interestacional (I)
Dependiendo de las condiciones climáticas de un determinado lugar, generalmente existe una gran diferencia de temperaturas medias den los periodos centrales del verano y del invierno. En esos periodos de calor abrasador o de frío intenso, a menudo nos preguntamos si no seria posible guardar un poco de ese frío o ese calor para la otra estación. Pues bien, en este texto se pretende plantear una solución factible tecnológica y económicamente.
Antes de nada, hay que señalar que el mejor sistema para ahorrar energía en nuestras viviendas y oficinas, tanto en invierno como en verano es disponer de un buen aislamiento térmico, con el fin de evitar las transferencias térmicas con el exterior, y así poder mantener una temperatura mas estable en el interior. Si además se combina con una construcción bioclimática y aprovechamientos solares, las necesidades térmicas se verán drásticamente reducidas. Sin embargo estas medidas no impiden que en los momentos extremos del verano y el invierno sea necesaria una actuación de calefacción o refrigeración.
Un pequeño análisis de las dos alternativas que se nos presentan, la acumulación de frío del invierno resulta mas eficiente que la acumulación del calor del verano, gracias al fenómeno físico de la congelación del agua a 0º C, con su consiguiente calor de fusión, y por tanto una gran acumulación térmica en un intervalo de temperaturas muy reducido. Así para fundir un gramo de hielo, se necesitaría la misma energía que para elevar un gramo de agua liquida 80º C, con la ventaja de que la fusión se realizaría a una temperatura prácticamente constante. Por otro lado, se podría aprovechar la misma infraestructura para la acumulación de agua caliente para el invierno, aunque el rendimiento seria indudablemente menor, pero su coste adicional sería cero.
Antes de nada, hay que señalar que el mejor sistema para ahorrar energía en nuestras viviendas y oficinas, tanto en invierno como en verano es disponer de un buen aislamiento térmico, con el fin de evitar las transferencias térmicas con el exterior, y así poder mantener una temperatura mas estable en el interior. Si además se combina con una construcción bioclimática y aprovechamientos solares, las necesidades térmicas se verán drásticamente reducidas. Sin embargo estas medidas no impiden que en los momentos extremos del verano y el invierno sea necesaria una actuación de calefacción o refrigeración.
Un pequeño análisis de las dos alternativas que se nos presentan, la acumulación de frío del invierno resulta mas eficiente que la acumulación del calor del verano, gracias al fenómeno físico de la congelación del agua a 0º C, con su consiguiente calor de fusión, y por tanto una gran acumulación térmica en un intervalo de temperaturas muy reducido. Así para fundir un gramo de hielo, se necesitaría la misma energía que para elevar un gramo de agua liquida 80º C, con la ventaja de que la fusión se realizaría a una temperatura prácticamente constante. Por otro lado, se podría aprovechar la misma infraestructura para la acumulación de agua caliente para el invierno, aunque el rendimiento seria indudablemente menor, pero su coste adicional sería cero.

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